Muchos estudios muestran que la situación de violencia y de guerra interna amenaza con marcar a Colombia a lo largo de toda la década. El impacto económico se calcula entre 10% y 15% del PIB anual si no hay negociación y en 4.0% anual si se inicia en la próxima administración y se llega a un pacto de paz antes de 2011. Detrás de esas cifras se esconde el costo en vidas y en potencialidad creativa de la sociedad. Al ritmo actual, para ese periodo se incrementarían en 100.000 las muertes de civiles, a más de 4’000.000 los desplazados internos y más de 2’000.000 los externos; los nuevos secuestrados pasarían de 10.000 y en forma similar, aumentarían los desaparecidos. La mal llamada “guerra económica”, que justifica fumigaciones y desplazamiento en una parte y destrucción de infraestructura en la otra, significaría un retroceso de 15 o más años en ese tipo de inversión.
El costo de intentar ganar la guerra con el escalamiento nacional e internacional de la confrontación, implica que Colombia podría aspirar a recuperar los actuales niveles de riqueza, infraestructura y capacidad humana sólo después del año 2015. Y esto en el supuesto de que el Estado derrota a los grupos irregulares en el transcurso de esta década y reconstruye el país en el siguiente periodo.
La idea de una guerra de corta duración para derrotar a la guerrilla y someter a los paramilitares, en cuatro o cinco años, no parece tener sustento en la realidad, e incluso los militares más aguerridos advierten que sólo después de ocho años se llegaría a una derrota de la guerrilla o a obligarla a pactar la dejación de armas en los términos definidos por el Estado. Y esta hipótesis supone que se triplica el pie de fuerza, se eleva el gasto en fuerza pública de 3% a 7% del PIB, se escala la presencia externa con la Iniciativa Regional Andina, IRA, o el Plan Colombia, y que se vincula a la población civil al apoyo a la guerra tanto con el respaldo político y tributario como con soportes logísticos o de inteligencia. Y aun en las hipótesis sobre la derrota de la guerrilla en el curso de siete u ocho años, hay muchas variables indeterminadas que podrían alterar las cuentas y prolongar la situación de guerra.
Desde el ángulo de la guerrilla se mantuvo, por lo menos hasta la primera fase de los diálogos, la estrategia central de buscar el poder por la vía armada; lideres importantes de las FARC y del ELN continuaron pensando que las conversaciones e incluso un pacto de paz tenían sentido como parte de un proceso más largo hacia la derrota militar del Estado y la instauración de un “régimen revolucionario”. Es probable que la experiencia de los últimos cuatro años haya mostrado a integrantes de la cúpula de esas organizaciones que la mejor opción, aun en sus pretensiones programáticas, es la negociación y por lo tanto la transacción para dejar la perspectiva armada. La idea de un triunfo militar de la guerrilla es una ilusión muy costosa para la sociedad y en especial para los más pobres. Además, cualquier consideración aterrizada del contexto internacional y nacional lleva a la conclusión de la imposibilidad de un triunfo militar de la guerrilla colombiana en las próximas décadas. La consecuencia práctica de un camino de guerra prolongada es el sacrificio de varias generaciones que verían frustradas sus mínimas aspiraciones.
Un interrogante que ha quedado flotando después de la ruptura de las negociaciones de paz en la administración Pastrana, se refiere a los factores que pueden llegar a revertir la actual tendencia de escalamiento de la guerra que plantea la solución negociada tan sólo como un albur. Las partes armadas del conflicto interno y sus estrategas civiles o militares se disponen a un ciclo de medición de fuerzas para presionar posturas más débiles en una eventual negociación. Pero la visión sobre lo negociable o lo aceptable para cada parte, les lleva a proyectar derrotas estratégicas al contrario. Unos quieren guerra hasta una negociación sin muchos cambios en las relaciones de poder o en la distribución de la riqueza; y otros la quieren hasta que se institucionalice una suerte de poder dual entre el Estado y el para estado insurgente. Y si las pretensiones de las partes que se ubican en los extremos no chocan con una tercera fuerza que emerja desde la civilidad pacifista, se impondrá un futuro catastrófico de varias décadas.
Objetivo
Mediante esta lectura se pretende analizar las cosas más preocupantes de esta guerra que son los grupos armados, debido a que ellos son los mayores causantes de secuestros de personas desplazadas y de intimidación en algunos lugares, lo cual hace imposible que el ejército entre en ellos.
Actividades
1. Realizar un cuadro comparativo de cada uno de los problemas en la guerra analizando cuál de ellos causa más daño a nivel económico como psicológico según los datos en la lectura.
2. Sacar las ideas principales del texto
3. Plantear una posible solución por parte del estado para evitar el aumento de secuestros o de ataques de los grupos armados
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